Cornalina es un mineral, variedad de la calcedonia, de color rojo, usado comúnmente como piedra semipreciosa. También se la conoce como Piedra de Sadoine, de la Meca o de Santiago. Son más apreciadas cuanto más translúcidas y con un color rojo-anaranjado, el color rojo se debe a la presencia de óxidos de hierro, mientras que los tonos más claros se pueden atribuir al hidróxido de hierro.

Si el mineral se somete a un ligero calentamiento, su color se vuelve más intenso. Similar a la cornalina es el sardo, que generalmente es más duro y oscuro (tirando al pardo). (La diferencia no está rígidamente definida y en algunos casos, los dos nombres se llegan a utilizar indistintamente).

Tanto la cornalina como el sardo son variedades del óxido de silicio microcristalino de estructura fibrosa (calcedonia), coloreadas por las impurezas de óxido de hierro y puede ir del naranja pálido a un color intenso, casi negro. Tiene una dureza de 7 en la escala de Mohs, como todos los cuarzos, por lo que la hace muy adecuada para cortarse transversalmente, así como para la producción de cuentas de collares.

Para los antiguos egipcios, la cornalina era el rojo símbolo de la vida ligada a prácticas religiosas específicas, donde la diosa Isis la utilizaba para acompañar al difunto durante su viaje al más allá. Se puede ver incrustada en la máscara de oro del faraón Tutankamón. También se encuentra tallada en animales sagrados, como el carnero de Amón y el halcón Horus (símbolo del sol). Se solía engastar con turquesas y lapislázulis para reforzar su poder.

Los depósitos antiguos más famosos, explotados por los romanos, fueron los situados en la Península Arábica, India y Persia. En la actualidad, la cornalina se extrae, entre otros, en el estado brasileño de Río Grande del Sur y Uruguay.